sábado, 23 de junio de 2012

Algo positivo de la crisis: lo que debemos recuperar de nuestro pasado


Los de mi generación, nacidos en el simbólico año de la caída del Muro de Berlín, tuvimos la ocasión de crecer inmersos en la abundancia y empujados por un entorno de prosperidad económica. Afortunadamente, nuestros padres pudieron ofrecernos una juventud mucho más tranquila y despreocupada que la suya, y, por su puesto, infinitamente más cómoda que la vivida por nuestros abuelos. Si una palabra repetían hasta la saciedad, unos y otros, no era otra que la palabra trabajo. En efecto, cuando recuerdo las muchas experiencias y anécdotas recibidas de mis padres, abuelos y bisabuelos -los que viven y los que se fueron- me vienen a la cabeza imágenes de una juventud marcada por la lucha y el sacrificio como únicos medios de supervivencia en un entorno dificultoso. A ellos, en mayor o menor medida, les tocó vivir el sinsentido de una guerra fraticida y las penurias de la posguerra, sintieron el frío y el hambre en invierno y conocieron el verdadero significado de la palabra necesidad. Cuando el derroche y las comodidades eran regalos reservados a una escasa minoría social, la cultura del esfuerzo, la honradez y la integridad personal, conformaban la llave de la estima social y de la dignidad como miembros de la comunidad. En definitiva, cuando la inmensa mayoría de la sociedad vivía en la austeridad, el ser prevalecía sobre el tener y los valores morales ocupaban un importante lugar en la conciencia colectiva.

Durante los años de bonanza económica, gran parte del legado de nuestros antepasados cayó en el olvido, produciéndose una verdadera inversión de los valores sociales. No merece la pena recordar en qué hemos fallado, pues además de ser notoriamente conocido por todos, corresponde a cada ciudadano hacer su propio examen de conciencia. Algunos han asegurado que vivimos una triple crisis -económica, política y social o de valores- y yo no puedo sino mostrarme plenamente de acuerdo con dicha afirmación. Ahora bien, si esa “triple crisis” lleva a nuestra sociedad a recuperar de algún modo el mensaje que nos trasmitieron nuestros abuelos -confío en ello-, ¡bienvenida sea!, pues habrá servido para construir un futuro mejor, esta vez sí, sustentado sobre los fuertes y resistentes pilares del trabajo, la responsabilidad, la unidad y el entendimiento de todos.


Fotografía del álbum familiar, tomada en el año 1951.

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