domingo, 14 de octubre de 2012

Decreto de tiempos de guerra, aplicado hoy en defensa de los trabajadores

Esta semana descubría esta curiosa noticia mientras ojeaba el diario Expansión tras la comida: el Tribunal Supremo estima el recurso de casación interpuesto por los dos sindicatos mayoritarios -CCOO y UGT- frente a las empresas Indra y Makro, obligando a estas a instalar un comedor en las sedes de las compañías en La Coruña y Madrid.

Si algo resulta llamativo de la sentencia, es que declara plenamente vigente una normativa dictada durante el transcurso de la Guerra Civil, contenida en el Decreto de 8 de junio de 1938 y en la Orden de 30 de junio del mismo año, que lo desarrolla. Precisamente, debido a que nos encontramos ante una norma que podría ser considerada obsoleta, varios tribunales se habían mostrado contrarios a su aplicación en supuestos similares: STSJ Galicia 18 de marzo de 2011 y STSJ Cataluña 21 de diciembre de 2007. Dice esta última, que el Decreto franquista resultaría contrario a los principios constitucionales, y, en base al artículo 3 del CC ["las normas se interpretarán según (...) la realidad social del tiempo en que han de ser aplicadas"], no tendría sentido aplicar una norma dictada "con ausencia absoluta de libertades democráticas y por quién se alzó contra la legitimidad vigente", en un "contexto de paz y vigente nuestra Constitución de 1978 en la que España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho". 

Sin embargo, teniendo en cuenta que esta es la segunda resolución que el Tribunal Supremo dictada en este mismo sentido -STSS 19 de abril de 2012 y 26 de diciembre de 2011-, los operadores económicos habrán de quedar vinculados en adelante por esta jurisprudencia (art. 1.6 CC), en virtud de la cual se establece que las empresas están obligadas a habilitar un comedor para sus empleados si no les facilitan dos horas para su almuerzo o estos no pueden dedicar todo este tiempo tal fin. Como recordaba el alto tribunal -en la primera sentencia mencionada-, interpretando conforme al elemento teleológico, "la normativa cuestionada -dejando aparte su ideología, terminología y alguno de los principios en los que afirma inspirarse, propios de otras épocas e incompatibles con la normativa constitucional-, en cuanto ahora directamente nos afecta (...) pretende que el trabajo se desarrolle en condiciones de dignidad y remediar la falta de atención que en ocasiones se dispensa a los trabajadores".

Para los curiosos de la Historia del Derecho y de la Historia en general, reproduzco a continuación la Exposición de Motivos del Decreto de 8 de junio de 1938. Es precisamente con la lectura de estas líneas, como podemos adivinar las condiciones de trabajo de la época y descubrir la verdadera ratio legis que, en su día, motivó la promulgación de esta norma. 

"Las condiciones en que se desarrolla el trabajo han de responder al concepto de dignidad que nuestro Fuero del Trabajo proclama. Son contrarias a este principio aquellas costumbres que, establecidas bajo un régimen materialista, colocan al hombre, principal elemento de la producción, en condiciones algunas veces de inferioridad en cuanto a la atención que se les dispensa, a los mismos instrumentos de las industrias. Así sucede en la forma frecuente en que efectúan sus comidas los trabajadores, sentados en las aceras de las calles o alrededores de fábricas o talleres, expuestos a las inclemencias del tiempo y sin que los presida el decoro y sentido de orden que todos los actos de la vida han de tener".  

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