domingo, 19 de mayo de 2013

Las 5 razones para elaborar un buen acuerdo de socios

A la hora de iniciar cualquier proyecto empresarial a través de la constitución de una sociedad mercantil, la legislación exige a cualquier emprendedor cumplimentar una serie de requisitos y trámites de lo más variado: solicitud negativa de denominación social, solicitud de CIF ante la Agencia Tributaria, depósito del capital social en una entidad bancaria, elaboración de los estatutos sociales, firma de la escritura de constitución ante notario, inscripción y publicación en el Registro Mercantil, etc.

Junto con todas estas exigencias legales, existe la posibilidad que los socios -todos o algunos- celebren pactos y convenios si lo consideran oportuno (arts. 28 y 29 LSC y art. 1255 CC). A estos acuerdos se les denomina comúnmente pactos parasociales o acuerdos de socios, y, su finalidad no es otra que "completar, concretar o modificar, en sus relaciones internas, las reglas legales y estatutarias" que rigen la sociedad (CÁNDIDO PAZ-ARES, El enforcement de los pactos parasociales). En definitiva, un pacto de socios no es más que un contrato celebrado por dos o mas socios, con el objetivo de regular exhaustivamente las reglas de funcionamiento de la sociedad, prever escenarios futuros y establecer cauces y soluciones para la resolución de eventuales problemas y discrepancias. 

Teniendo en cuenta que no nos encontramos ante una exigencia legal, y que la confección de un acuerdo de socios va a generar un coste añadido de asesoramiento legal, ¿por qué resulta aconsejable? 

1. Las palabras se las lleva el viento

Generalmente, cuando dos o más emprendedores se disponen a iniciar conjuntamente una actividad empresarial, llegan a una serie de acuerdos que no siempre se plasman por escrito: grado de dedicación de cada socio en el negocio, futuras inversiones a realizar, distribución de tareas respecto de la gestión del día a día de la compañía o del desarrollo técnico del producto, etc. Evidentemente, todos estos acuerdos verbales entre socios son exigibles o vinculantes desde un punto de vista estrictamente teórico. Sin embargo, es recomendable formalizar los acuerdos desde el inicio, en aras a proteger y dotar al proyecto de seguridad, dado que en la práctica, basta que uno de los socios incumpla lo pactado para que corresponda a los demás la compleja tarea de probar su existencia. De esta manera, todo acuerdo entre socios que no quede debidamente ordenado y recogido en un contrato con forma escrita, puede llegar a presentarse en el futuro como una fuente de conflicto, y, en el peor de los casos, con el fracaso de la compañía. 

2. Toda empresa necesita su traje a medida

Todo proyecto empresarial presenta una multitud de particularidades dependiendo del sector de que se trate, del plan de negocio, de la duración del proyecto y el plazo en que los socios prevén obtener un retorno, de la necesidad y el modo en que se va a financiar,  del carácter profesional o no de los socios, etc. Muchas veces, determinadas cuestiones que nos gustaría regular en los estatutos sociales nunca van a poder pasar por el "tamiz" del Registrador Mercantil, encargado de calificar los mismos de acuerdo con su adecuación a la normativa vigente. Por el contrario, una de las principales ventajas de los pactos parasociales es su gran flexibilidad, ya que permiten a los socios establecer reglas adaptadas a las específicas características de la empresa, pudiendo regular aspectos más allá del régimen legal, siempre y cuando no se vulneren los "principios configuradores" del derecho de sociedades (art. 29 LSC). Por ejemplo, si bien no sería posible introducir en los estatutos sociales que una determinada decisión -como la entrada de un nuevo socio- requiera para su adopción del voto favorable de todos los socios, perfectamente posible sería un pacto de este tipo en el marco de un acuerdo de accionistas. 

3. ¿Amigos para siempre? 

Siempre se dice que en el inicio de cualquier empresa la relación entre los socios suele ser lo más parecido a una pareja de novios que se acaban de conocer. Ello no es de extrañar, pues el simple hecho de dar el paso y asumir un riesgo conjunto presupone generalmente una fuerte confianza en los demás socios y en el propio proyecto. Desgraciadamente, la marcha del negocio o la relación entre los socios no siempre evoluciona de la manera que todos habían pensado en un inicio. Discrepancias en torno a cuestiones tan habituales como la gestión de la compañía, la entrada de un nuevo socio o el reparto de dividendos, pueden dar lugar fácilmente a enfrentamientos y disputas en el seno de la sociedad. Ante una posible situación de este tipo, resulta extraordinariamente útil contar con una serie de reglas preestablecidas para  la resolución de conflictos. Finalmente, pensando en situaciones que se tornen irresolubles, es altamente aconsejable prever en el acuerdo de socios mecanismos de salida que puedan satisfacer tanto al socio que abandona la sociedad como a los que se quedan. 

4. Con el negocio no se juega

Probablemente, la consecuencia más grave de cualquier conflicto o discrepancia entre socios, no sea otra que la propia muerte o inviabilidad económica de la compañía. En muchas ocasiones, la aportación a la sociedad de un determinado activo, la permanencia de uno de los emprendedores o la dedicación en exclusiva de éste al negocio, pueden ser elementos imprescindibles para la consecución de los objetivos propios del proyecto empresarial. En este sentido, basta con pensar en cualquier empresa que nazca a partir de una idea de base tecnológica, en la que la presencia y dedicación del emprendedor encargado del desarrollo del producto se presenta como un elemento central del negocio. En estos casos, no cabe duda de que el acuerdo de accionistas va a jugar un papel fundamental a la hora de dotar al proyecto de una mínima estabilidad y permanencia en el tiempo. Para ello, en la elaboración de los acuerdos habrán de prestarse especial atención a cuestiones como las tareas a desarrollar para la consecución de objetivos, el establecimiento de plazos mínimos de permanencia en la empresa o la dedicación en exclusiva de determinados socios. 

5. Es mejor prevenir que curar

Dentro de las tareas del asesor legal, habitualmente se distingue entre aquellas que tienen que ver con prevenir el incendio y las consistentes en apagar el fuego. La expresión es ciertamente gráfica, y en el ámbito del derecho de sociedades se puede apreciar esta distinción con claridad. Evidentemente, un acuerdo de socios no es el bálsamo de Fierabrás, y, por lo tanto, no podemos esperar que el éxito del negocio o la buena relación entre los socios queden asegurados. Sin embargo, sí es cierto que se pueden reducir considerablemente las probabilidades de que un conflicto futuro frustre el negocio o termine en un pleito. De esta forma, una importante finalidad de cualquier pacto de socios es evitar que las partes tengan que enfrentarse en el costoso e interminable combate de los tribunales. 


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